el verdadero significado que interesa desde el punto de vista
ético, es el amor que profesamos a las demás personas y a nosotros
mismos, sin desconocer que el amor también se puede concebir en la
relación hombre-cosa.
Platón quien en sus Diálogos El Banquete y el Fedro, se ocupó del tema con mayor profundidad.
Lo que dijo al respecto, su ubica en el dominio de los mitos, las
fábulas y en su concepción general del amor griego. En este marco, de
acuerdo con Ramón Xirau, Platón sostiene una concepción dialéctica
del amor. En tanto eros, el amor es sinónimo de creación, pero también
de carencia; en primer término es amor a la sabiduría, es conocimiento
de la belleza, pero al mismo tiempo es ausencia, es decir, capacidad de
aspiración y de deseo. En tal sentido, el amor es y no es al mismo tiempo.
Tomás de Aquino define
al amor como un acto genérico de la voluntad
orientado hacia el bien en general.
Según este teólogo-filósofo: “Todo el que
obra, obra por un fin.
San Agustín, sostuvo
una concepción del amor cuyo significado es conveniente vincularlo
con su pensamiento teológico. Para él, existen dos tipos de
amor: el amor propio y el amor a Dios. De cada uno de ellos se
deriva una forma de existencia: la terrenal o la divina.
Arthur Schopenhauer, filósofo alemán del siglo XIX, el
amor antes que otra cosa es una pasión humana que hace posible
la perpetuación de la humanidad en el tiempo.
A partir del siglo XX van a surgir varias teorías y concepciones filosóficas
sobre el amor, vinculadas con autores como Erich Fromm, José
Ortega y Gasset, Fernando Savater, Alain Finkielkraut, Gilíes Lipovetsky,
Humberto Galimberti, entre otros.
La de Erich Fromm, ha sido una de las teorías sobre el amor que
mayor influencia ha tenido en el pensamiento contemporáneo. Esta se
centra en la “necesidad profunda” con que se enfrenta universalmente
el hombre de trascender su propia vida individual. Considera este autor
que la satisfacción plena de esta necesidad sólo se encuentra en el amor.
Para Fromm, el amor consiste, más que en el hecho de ser amado,
en la capacidad de amar, ya sea a uno mismo o a los demás.
... el amor es un arte, tal como es un arte el vivir... no es una relación
con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter
que determina el tipo de relación de una persona con el mundo
como totalidad no con un “objeto” amoroso... Si amo realmente
a una persona, amo a todas las personas, amo al mundo, amo a la
vida.
para Galimberti, en la sociedad actual
no importa tanto amar a los demás, como ser amado. El individuo de
fines del siglo XX y principios del XXI, invierte el sentido de la relación
amorosa: no se trata ya de la autorrealización individual a partir
de amar a los demás, sino, a través del otro, buscar la realización del yo
propio.

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